Tras incontables fechas, mirando de frente a quienes le quitarían la vida su vida, el militar Aureliano Buendía trajo a su memoria aquel imborrable atardecer en que su progenitor le mostró por primera vez la sólida y blanca agua congelada. Macondo fue en aquel tiempo un pueblo de dos decenas de viviendas de barro y cañabarava edificadas al borde de una corriente de aguas cristalinas que se fundían en un cuerpo de piedras lisas, níveas y gigantes como fósiles. El mundo era tan joven, que las palabras eran escasas y para identificarlas se debía direccionar hacia ellas con el índice.
Es sencillo y complicado al mismo tiempo, pero se deja leer. Disfrutemos ese privilegio, pues aquí ella revela lo que realmente piensa y siente...
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UNA NUEVA FORMA DE SENTIR
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